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AFP
Para Hatoum, el más importante narrador hispanoamericano vivo: Mario Vargas Llosa debería ganar un Nobel.
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Milton Hatoum
San Pablo, Brasil.
En abril de 2006 participé del Pen World Voices, el Festival Internacional de Literatura realizado en Nueva York. El PWV es un evento grandioso, que reúne a decenas de escritores de todos los continentes, en la más grande metrópoli cultural y económica de los Estados Unidos.
En aquel año, el presidente del evento era Salman Rushdie, un indio que escribe en inglés, que bien podría escribir en urdu, su lengua materna. Recuerdo que en el discurso de apertura, Rushdie esperaba que el Pen World Voices de aquel año "reabriera el diálogo entre los Estados Unidos y el resto del mundo".
El autor de "Hijos de la Medianoche" se refería no sólo al aislamiento político de los Estados Unidos en la era George W. Bush, el peor presidente de la historia del país, según Philip Roth, también al diálogo con otras culturas y literaturas. Uno de los temas discutidos durante el festival fue el creciente desinterés de editoras americanas por libros extranjeros. Se decía que sólo un cinco por ciento de los libros de literatura publicados en los Estados Unidos eran traducciones, mientras que en ciertos países de Europa y de Latinoamérica este índice alcanzaba el quince o, inclusive, el veinte por ciento.
No sé si estos números son exactos. En todo caso, cuando se trata de literatura, no conviene dar mucho valor a las estadísticas, la cuestión no es la cantidad y sí la calidad de las obras traducidas. Por lo tanto, este contraste refleja de alguna manera la postura autorreferente de los EE.UU. en lo que respecta a la literatura.
Se sabe que algunos agentes literarios y editores americanos ejercen una fuerte presión para que best-sellers o libros banales sean traducidos en todo el mundo. Se conoce también que gran parte de estos romances "comerciales" no añaden nada al lector. Libros que son puro entretenimiento y la literatura no se reduce a eso.
Horace Engdahl, secretario permanente de la Academia Sueca (responsable por la premiación del Nobel) fue más contundente al declarar que "los Estados Unidos son un país muy insular e ignorante para competir contra Europa como centro literario mundial" (Cuaderno 2, O Estado de S. Paulo, 15-10-08). La declaración de Engdahl suscitó una respuesta áspera de varios norteamericanos. David Remnick, director de la revista New Yorker, observó que la Academia Sueca no premió a Joyce, Proust y Nabokov. Engdahl admitió que sus declaraciones fueron "excesivamente generalizadas".
Claro que lo fueron pues Faulkner, Melville, Henry James y Walt Whitman ya bastan para justificar la grandiosidad de la literatura norteamericana. En la polémica trabada entre el secretario de la Academia Sueca y algunos editores norteamericanos, hay una disputa de poder cultural. Curiosamente, África, Asia y América Latina fueron excluidas de esta disputa.
Entre los autores que injustamente no fueron premiados por la Academia Sueca, alguien debe haber citado al argentino Jorge Luis Borges, considerado erróneamente "el más europeo de los latinoamericanos". Otros deberían ser mencionados: Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar y también el más importante narrador hispanoamericano vivo: Mario Vargas Llosa.
Sin patriotismo, sin un impulso de nacionalismo, yo diría que las obras de João Guimarães Rosa, Graciliano Ramos y Carlos Drummond de Andrade son, bajo varios aspectos (lenguaje, dimensión simbólica e histórica, sondaje psicológico), muy superiores a las de varios autores premiados por la Academia Sueca.
El premio Nobel de literatura, por ser el más importante del mundo, no está inmune a conflictos de intereses entre países hegemónicos ni a la coyuntura internacional. La premiación al escritor Orhan Pamuk, en 2006, se debe a la calidad literaria del autor de Estambul, pero también a la valiente declaración de Pamuk a un periódico suizo sobre el genocidio de más de un millón de armenios por el ejército turco en 1915-1916.
En cuanto a la polémica sobre el premio Nobel de literatura 2008, conviene recordar una frase de Octavio Paz: "las polémicas pasan, y algunas obras resisten al tiempo".
Terra Magazine