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EFE
Un grupo de manifestantes encabezó la toma de la planta de la cementera mexicana Cemex en Guanta, oriente de Venezuela.
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Horas antes de que venciera el plazo final otorgado por el Estado venezolano para negociar en forma "amistosa" la nacionalización de las tres empresas cementeras que estaban en manos foráneas, el vicepresidente de la República, Ramón Carrizález, y el ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, anunciaron en medio de un revoltijo de periodistas la adquisición de 89% de las acciones de la francesa Lafarge en el país y de 85% de los títulos de la suiza Holcim por un valor conjunto de 819 millones de dólares.
El trago amargo de la tarde fue el inicio de la expropiación de las operaciones locales de la mexicana Cemex, la mayor de las tres fábricas y la que desde abril de este año, cuando el Presidente Hugo Chávez informó el paso a manos del Estado de casi toda la industria, había mantenido la postura más rígida con relación a la valoración de los activos.
El propio vicepresidente admitió el forcejeo que se produjo a la hora de ponerle precio a la infraestructura de Cemex e indicó que el Estado venezolano no está dispuesto a pagar a México más de lo que en conjunto desembolsará por Lafarge y Holcim. La aspiración final de Cemex apuntaba a unos 1.200 millones de dólares, pero el Estado afirma que "Cemex tiene problemas ambientales y de atraso de tecnología en las plantas", en palabras de Carrizález.
La nacionalización de la industria cementera se había dejado escuchar desde el año pasado, pero el Estado había dado prioridad al sector servicios con la restatización de la telefónica más grande del país, Cantv, y su filial de telefonía móvil, Movilnet. Poco después se anunció el paso a manos del Estado de toda la industria eléctrica, que estaba atomizada entre empresas nacionales y foráneas, públicas y privadas. La creación de la Corporación Eléctrica Nacional permitió poner orden en el sector, pero aún no ha logrado solventar las fallas en el servicio, que se agudizan conforme se incrementa la demanda.
Junto al anuncio de la nacionalización del cemento vino la nacionalización de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor), que pese a las múltiples amenazas y a la declaratoria de utilidad pública que precede a la expropiación, está por completarse en los próximos días con el grupo argentino Techint dentro de los términos "amistosos".
Trabajo por hacer
Debido a que Cemex y Lafarge cotizan partes de sus acciones en bolsa, debieron interrumpirse por un plazo de 24 horas las operaciones con los títulos de Cemex en la Bolsa de Valores de Caracas. Las acciones tipo uno de la subsidiaria nacional cayeron 2,82% al inicio de la jornada, mientras que los tipo dos perdieron 1,43%. También por esa razón, los accionistas minoritarios se preguntan si el Estado recurrirá a la Comisión Nacional de Valores para organizar una oferta pública de adquisición, como ocurrió con la compra de Electricidad de Caracas.
El embajador de México en Venezuela, Jesús Mario Chacón, solicitó al gobierno venezolano a través de una carta enviada a la Cancillería continuar las negociaciones con Cemex, que se vieron interrumpidas a las 12 de la noche del 18 de agosto con la ocupación de la planta de la empresa en Pertigalete (estado Anzoátegui) por parte de la Guardia Nacional, funcionarios de gobierno venezolanos y empleados de la estatal Petróleos de Venezuela.
Cemex alega que recibió un "trato discriminatorio" en sus negociaciones con el gobierno venezolano. "El trato que se dio a las empresas que sí llegaron a un acuerdo fue más favorable que el que se le ofreció a Cemex", dijo. Lafarge y Holcim lograron quedarse con un paquete minoritario de títulos.
El decreto de nacionalización de la industria cementera promulgado por el Estado el 18 de junio concede la posibilidad de una prórroga en las negociaciones, plazo que es posible autorizar mientras transcurren los 60 días fijados en los memorandos de entendimiento para cancelar el dinero acordado a Lafarge y Holcim. No obstante, fuentes ligadas a la negociación indican que con Cemex no se produjeron mayores intercambios en los últimos meses.
Hasta ahora, los funcionarios venezolanos que están al frente de la operación no han querido pronunciarse con respecto al origen de los recursos que se utilizarán para las nacionalizaciones amistosas y la expropiación de Cemex. La participación activa de Pdvsa en el proceso, así como su intervención en procesos de estatización anteriores, sugiere que los ingresos petroleros contribuirán al menos en buena parte a cancelar el dinero prometido.
Terra Magazine
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