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Guido Piotrkowski/Cortesía
Cada 7 de agosto, los fieles acuden a San Cayetano para pedir empleo
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Guido Piotrkowski
Buenos Aires (Argentina)
En un país dónde el trabajo no es precisamente lo que sobra, el 7 de agosto representa para miles de creyentes la oportunidad de pedirle a San Cayetano, patrono del pan y el trabajo, la oportunidad de un empleo. La escena se repite año tras año en las puertas y calles de la iglesia ubicada en el barrio de Liniers, en Buenos aires, dónde muchos de los fieles instalan sus carpas con varios días y hasta semanas de anticipación a la espera de entrar al santuario a partir de la medianoche, cuando se abren sus puertas.
Bajo el lema "con San Cayetano buscamos construir un lugar para todos", el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, quien ofició la misa central, rogó ante los miles de asistentes, para que "nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra patria, sea un lugar de todos y para todos", e indicó que "Dios es lo único gratuito, lo único que no se compra, que no se vende y que no se deja coimear".
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La fila se extiende por más de 20 cuadras, sin embargo este año es notoria la menor cantidad de gente con respecto a los anteriores. Terra Magazine recorrió la zona en la víspera y recogió testimonios de los fieles y vendedores apostados allí: todos coinciden en destacar la merma de peregrinos. Los comerciantes, que son los más afectados sobre todo, se quejan al unísono. Florencia, una anciana de 72 años y en silla de ruedas que todos los años instala su puesto allí, dijo que "el año pasado ya había vendido 1.000 pesos a esta altura del día, y hoy solo 2 pesos". La mujer, rodeada de estatuillas, espigas, posters, llaveros y otros artículos con la cara del santo, atribuye todo los males a la crisis del campo que últimamente "paralizó al país".
Marta ronda los 60 años y hace más de 40 que viene a esta vigilia ininterrumpidamente. "Vengo a agradecer, siempre llego un día antes -dice sentada al lado de un grupo de jóvenes veinteañeros que pasan el tiempo jugando al truco- Mi marido tuvo tres momentos muy malos sin trabajo y siempre que le pedí a San Cayetano, él consiguió empleo nuevamente". A su lado está su amiga Elena, docente recientemente jubilada, quien viene por primera vez. "Antes no podía venir porque no podía faltar a la escuela, pero este año vengo a agradecer porque mi hermano consiguió trabajo luego de que yo le pidiera San Cayetano. Y también para pedir por toda la gente que no la está pasando bien", dice en referencia a la cantidad de pobres, indigentes y desempleados que hay en la Argentina.
Según el Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censo), un organismo que está muy cuestionado por sus dudosas mediciones a favor del Gobierno Nacional, el índice de pobreza es del 20,6 por ciento de la población, el equivalente a más de 7,3 millones de habitantes. En cambio, según la consultora Sel, del licenciado Ernesto Kritz, el 31,6 por ciento de la población es pobre, lo que se traduce en más de 11,3 millones de personas, de las cuales casi 4 son indigentes.
La noche cae en la ciudad y el frío se hace sentir cada vez más. Aún falta para que se abran las puertas del santuario y los peregrinos aguardan pacientemente la hora de entrada. Los que se encuentran a unas tres cuadras de distancia estiman que entrarán a las 4 de la mañana. Muchos se conocen de años anteriores y se reencuentran allí en esta ocasión. Hay dos filas de fieles, la rápida y la lenta. Los que hacen la rápida no podrán pararse a tocar el santo, solo pasarán por delante de el y pedirán sus deseos fugazmente. Quienes hacen la fila larga, tendrán el privilegio de pararse frente a San Cayetano, tocarlo y pedirle o agradecerle, aunque sea sólo por unos pocos segundos. Al frente de todos se encuentra Delia Lensina, conocida por ser la primera en entrar año tras año. La mujer instala su carpa a las puertas de la iglesia con varias semanas de anticipación desde hace varios años.
Muy cerca de ella se encuentra Guadalupe, quien a sus 18 años viene a seguir "una tradición familiar". "Mis padres vienen hace 40 años, y ahora venimos nosotros a agradecer más que a pedir, porque gracias a Dios está todo bien. Además es algo que nos gusta hacer, y se forman lindos grupos de amigos, con quienes nos volvemos a encontrar todos los años". Un poco más adelante, Liliana descansa en su silla playera, rodeada de otras tantas señoras que rondan los 60 años. "El año pasado vine a pedirle trabajo para mi hija que es arquitecta y estaba sin trabajar hacia mucho tiempo. Y ahora vengo a agradecerle porque lo consiguió", cuenta Liliana, quien asegura tener el mejor trabajo del mundo: "Cuidar a mis nietos", dice, y el rostro se le ilumina.
La historia de San Cayetano se remonta a la Italia del siglo XV. Los libros dicen que Gaetano de Thiene nació en Vicenza en 1480, que estudió filosofía y teología, se doctoró en derecho civil y eclesiástico, y luego se ordenó sacerdote. Murió en Nápoles el domingo 7 de agosto de 1547, a los 67 años, y fue santificado por el Papa en 1671. Hoy, representa uno de los santos más venerados en Argentina, y su día es muy aguardado por miles de creyentes que no dejan de agradecerle sus milagros, sobre todo en un país donde lo que no sobra San Cayetano, cuando pedir trabajo se convierte en ritual.
Terra Magazine