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Cortesía
Juan Gris - La guitare, 1918
Óleo sobre lienzo, 81 x 59,8 cm |
Inés Girola
Buenos Aires (Argentina)
"El artista no trabaja con programa, busca algo sin saber exactamente qué, y las obras van saliendo, buenas o malas; tal es el cubismo". Emilio Pettoruti señala en su autobiografía Un pintor ante el espejo que el estilo mental y geométrico que llamamos cubismo no rompió con la tradición ni fue invención de nadie: hacia él evolucionaba Cézanne cuando otros artistas tomaron la antorcha que caía de su mano. De esta manera, sería un sinsentido decir que Juan Gris ha imitado a Braque o a Picasso, ni que Metzinger, Gleizes, Marcoussis y otros se les parezcan o los hayan plagiado. Sin embargo, dentro de la compleja, múltiple y diversa red de transmisión y producción de la cual formaron parte los artistas que experimentaron con estas formas mentales, puede sí decirse, de algún modo, que trabajaron con fidelidad a los lineamientos generales del pensamiento contemporáneo en el intenso origen de la modernidad.
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Bajo esta consigna, la exposición El Cubismo y sus entornos en las colecciones de Telefónica, que puede visitarse hasta el 14 de septiembre en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Buenos Aires, permite reflexionar, más allá de las particularidades de cada una de las 41 obras exhibidas, sobre aquello que pregonaba Juan Gris cuando se refería al cubismo: éste constituye sobre todo una estética y una forma esencial de pensamiento que insiste en subrayar el poder de síntesis, la independencia y el exceso que poseen las formas y los colores dispuestos en una tela.
La colección que se presenta en esta ocasión se inicia en los años ¿80, cuando Telefónica realiza su primera incursión en el coleccionismo corporativo adquiriendo -entre otras- una importante cantidad de obras de Juan Gris, once de las cuales dominan el escenario de la exposición. Además, se exhiben obras de grandes artistas europeos y latinoamericanos entre los que se encuentran Albert Gleizes, Jean Metzinger, Louis Marcoussis, André Lhote, Auguste Herbin, Georges Valmier, la pionera del cubismo ruso Natalia Gontcharova, Alexandra Exter, Emilio Pettoruti, Alejandro Xul Solar, Joaquín Torres-García, Rafael Barradas, Vicente do Rego Monteiro, María Blanchard, Manuel Ángeles Ortiz, Joaquín Peinado y Daniel Vázquez Díaz.
Pettoruti, en su rico y entretenido relato autobiográfico, describe algunas de las cualidades del genial Juan Gris, quien se convertirá para él, luego de su primer encuentro, en 1924, en un amigo próximo por afinidades diversas y sensibilidad inigualable. "Bajo el rigor geométrico, los objetos encontraban sus contornos y una luz racional desbordante de poesía. Orden y lirismo. La suya era la obra de una cabeza pensante y de una sensibilidad refinada". Allí cuenta, también, Pettoruti, que todos los cuadros que Juan Gris le mostraba se encontraban subordinados a una entonación gris de "extrema delicadeza"; y tan característico fue este gris de su pintura, que impregnó no solamente sus telas y cartones: desde entonces, José Victoriano Rodríguez comenzó a ser conocido como 'Juan Gris'.
Nada más representativo que la selección que nos convoca, para entender los múltiples e irreductibles puntos de vista que proponía pictóricamente el cubismo y adentrarse en el pensamiento y en la época que toca al desarrollo de esta corriente. La propuesta que pregonaba por el equilibrio entre intuición y razón, como bien señala el curador de la exposición Eugenio Carmona, se complementó con la noción más auténtica de un arte de vanguardia, premisas ambas que confluyeron para la formulación del cubismo, marcando por sobre cualquier experiencia, su diferencia específica. El interés por el color, por el dinamismo y por la forma geométrica en sí misma, afirma también Carmona, fueron probablemente los principales agentes transformadores del arte de la época. Nuevamente entonces, como señalábamos en el comienzo, "sólo la comprensión del cubismo como práctica plural devuelve la verdadera imagen de su experiencia", tal como sostiene el curador de esta exposición.
Las obras que forman parte de la muestra El Cubismo y sus entornos se presentan articuladas en tres secciones o espacios, y cada una de ellas está enmarcada, de manera acorde a la propuesta, con un impactante color de fondo. En la primera de ellas, Juan Gris ¿ Encuentros ¿ Homenajes, se exhiben once obras del gran artista a través de las cuales se puede percibir su evolución y la coincidencia de sus aportes con ciertas propuestas otros artistas como Pettoruti y Horacio Coppola. Aquí, entonces, presenciamos en una primera impresión este amigable encuentro entre Gris y Pettoruti, a través de la única obra de este último presente en la exposición, titulada ¿El racimo de uvas¿, de 1914.
En la siguiente sección, Cubismo & Cubismos, en este sentido, se exhiben obras que portan aspectos fundamentales de la escuela cubista originaria y que enfatizan la síntesis y los encuentros de este movimiento con el futurismo, la creatividad de género en el contexto cubista y las divergencias en torno a la identidad del cubismo en los años de guerra. En este recorrido se exhiben obras de André Lhote, uno de los destacados maestros alrededor del cual se han amuchado en París innumerables aspirantes a artistas que han hecho escuela en Europa, allí donde partían grandes cantidades de jóvenes durante los primeros años del siglo a estudiar y a formarse antes de la Primera Guerra Mundial, y donde se han conjugado historias de naciones y culturas diversas alrededor de los atriles y museos, que aún hoy mantienen su influencia en los más variados rincones del mundo.
Finalmente, Geografías de lo moderno, sección dedicada, precisamente, a las diversidades que se han producido bajo las premisas del pensamiento moderno, incluso en Latinoamérica, incluye obras de géneros como el paisaje, el bodegón y la figura humana, que presentan las peculiaridades y variables estilísticas ligadas al cubismo, como por ejemplo, obras que pertenecen universalismo constructivo desarrollado por el maestro uruguayo Joaquín Torres García, quien ha subrayado, en una de sus tantas y vivas escrituras, el papel fundamental que ha tenido el cubismo en los modos de ver y producir arte en los albores del siglo.
Una aventura que realmente ha constituido un salto al vacío en las líneas pictóricas, y que aún hoy en el siglo XXI sigue transformando e influyendo la producción global con sus múltiples e inagotables lastres de genialidad.
Terra Magazine
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