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AFP
El esplendor del carnaval de Oruro esconde la matanza de zorros, aves y serpientes, entre otros animales.
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Helen Álvarez Virreira
La Paz, Bolivia
El carnaval de Oruro no deja de maravillar a propios y ajenos, y no en vano ha sido declarado por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Este año, unos 15 mil bailarines tomaron las calles a lo largo de cuatro kilómetros y contagiaron de fe y alegría a los aproximadamente 300 mil visitantes de la capital orureña.
Pero, lo que para unos es la demostración folklórica más importante del país, para otros es la exhibición de una "cadena criminal de tráfico, depredación y comercio ilegal de fauna silvestre", según indica la querella interpuesta en junio de 2007 por Pablo Leytón Oblitas, representante de la organización Protección Global de la Naturaleza, y quien fuera viceministro de Medicina Tradicional e Interculturalidad, Jaime Zalles, fallecido en octubre de 2007.
La demanda no es injustificada, ya que para la confección de los trajes de varias danzas se emplean aves, mamíferos y reptiles que son cazados incluso en las áreas protegidas del país. En el carnaval de Oruro, todos los trajes son nuevos, así que año tras año, se repite la matanza.
Este ritual formaba parte de la "normalidad" hasta 2005, cuando Leytón, en la entrada folklórica del Señor del Gran Poder en la ciudad de La Paz, observó el ingreso de la fraternidad Tobas villarroelistas, que había "decorado" su atuendo con las alas mutiladas de 250 flamencos andinos o pariguanas grandes. Su denuncia puso en evidencia este atentado contra la biodiversidad y también la "complicidad" de las autoridades que no aplican en estos casos la Ley del Medio Ambiente Nº 1333, del 27 de abril de 1992.
La pariguana grande se encuentra en el Apéndice II del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre. En este acápite están "todas las especies que, si bien en la actualidad no se encuentran necesariamente en peligro de extinción, podrían llegar a esa situación a menos que el comercio en especímenes de dichas especies esté sujeto a una reglamentación estricta a fin de evitar utilización incompatible con su supervivencia".
Este año no fue la excepción. Alas extirpadas desde la raíz, cabezas, cuerpos y pieles de de animales todavía frescos le dieron colorido y fastuosidad a la fiesta más grande de Bolivia. Darío, un bailarín de la fraternidad Tobas Sud, que prefiere mantener su apellido en reserva, vio al menos dos danzantes que habían incorporado a su traje las alas recién mutiladas de pariguanas grandes; otros llevaban las cabezas degolladas de una pequeñas aves, conocidas como yaca yaca, por el sonido que emiten.
La Entrada del Carnaval de Oruro cuenta con más de una veintena de danzas; pero de esas, cinco son especialmente fatídicas para los animales. Para la Morenada se hacen matracas de quirquinchos; las "figuras" de la Diablada se adornan con cóndores enteros; se emplean plumas y cabezas de ñandú para la corola de los bailarines del Suri Sicuri; los Tobas se adornan con alas de flamencos y los Tinkus usan las plumas de estas aves para decorar sus sombreros.
Pero también se emplean otros animales, como los zorros andinos, que algunas "figuras" de los Kusillos utilizan en los brazos; los brujos de los Tobas usan también jaguares -cabeza y piel- y buhos, y otros bailarines también decoran sus trajes con los cuerpos de parabas, loros y tucanes, y pieles de serpientes.
La dimensión del daño a los animales se puede apreciar teniendo en cuenta la cantidad de bailarines que hay por fraternidades; por ejemplo, la Morenada Central Cocanis, que está mencionada en la querella, entre otras, cuenta con más de mil integrantes. La fraternidad Tobas Sud tiene más de 200 danzantes, pero sólo algunos fabrican sus trajes usando flamencos, ya que después de la denuncia de 2005 varios de sus miembros reflexionaron sobre la masacre de animales silvestres y optaron por usar plumas de gallina o sintéticas. Esta iniciativa, empero, nunca provino de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Oruro (ACFO), a pesar de las recomendación de la organización Protección Global de la Naturaleza y de tímidas campañas de sensibilización del gobierno.
No obstante, todavía hay bailarines que prefieren "lo natural", sostiene Darío, quien cuenta que en la ciudad de Oruro no existe ningún control por parte de las autoridades y, por ello mismo, los animales sacrificados se venden hasta en los mercados como cualquier mercancía. Y ni hablar de los bordadores que utilizan plumas de diferentes animales silvestres. Él cuenta que para fabricar el turbante de su disfraz necesita unas mil plumas de gallina.
Pablo Leytón aclara que el uso de plumas de animales de granja, como gallinas y avestruces, difiere totalmente de la depredación que significa el uso de animales silvestres para "un solo día de festival sangriento". Por eso mismo es que la demanda se refiere a la entrada del carnaval de Oruro y a las del Gran Poder y Universitaria de La Paz, y no a la de Santa Cruz, porque en esa ciudad los trajes se confeccionan con plumas de avestruz.
La cadena criminal, explica Leytón, está integrada por los bailarines, que son quienes diseñan los modelos de sus trajes y encargan su confección; los bordadores, que por lo general, son quienes los elaboran; los cazadores, algunos guardaparques de áreas protegidas, dirigentes de las asociaciones de conjuntos folklóricos de Oruro y de La Paz, autoridades y ex autoridades, por incumplimiento de deberes y por premiar a las fraternidades que "asesinan" animales. La querella fue interpuesta contra más de 50 personas y está basada en la Ley del Medio Ambiente que, teniendo casi 17 años, nunca fue aplicada del todo.
El proceso avanza lentamente porque las mismas autoridades requeridas le están poniendo trabas; Leytón, que cuenta con el apoyo de varios voluntarios, calcula que el juicio terminará en 2009. Mientras tanto, el siguiente paso es plantear una denuncia internacional y recurrir a la UNESCO, para que añada el respeto a la vida de los animales como condición para que la Entrada del Carnaval de Oruro mantenga la categoría de Patrimonio de la Humanidad.
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