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Waldir: nuevas bases en Colombia son "nocivas"

Agência Brasil
Waldir Pires.

Claudio Leal Sao Paulo, Brasil

La ampliación de las bases militares de los Estados Unidos en Colombia, que motivó la visita del presidente colombiano Álvaro Uribe a Brasil, es considerada "nociva" e "inconveniente" por el ex ministro de Defensa y ex gobernador de Bahia Waldir Pires.

El gobierno de los EE.UU. negocia el uso de siete bases militares en territorio colombiano. Críticas a las negociaciones bilaterales con el Pentágono deben marcar el próximo lunes un encuentro de la Unasul (Unión de las Naciones Sudamericanas).

"No necesitamos bases militares de una potencia para pretender establecer esa seguridad. Eso no es posible... Creo que esas organizaciones bilaterales, en el momento en que estamos todos empeñados en una multilateralidad de valores, de convivencia pacífica, son inconvenientes y nocivas. No es ese el método", critica Waldir Pires.

En la reciente visita de la líder chilena Michelle Bachelet a Brasil, el presidente Lula reveló su incomodidad con el avance de la presencia militar americana.

"Participé de reuniones del Consejo de ministros de Defensa con el objetivo de que podamos y sepamos organizar los intereses de la defensa de los países de América del Sur... Livianamente, se vende la idea de que somos incapaces de organizarnos", completa el ex ministro de Defensa, que se manifiesta por primera vez sobre la política externa de Brasil desde que dejó el cargo, en 2007.

Terra Magazine -¿Cuáles son sus objeciones sobre la presencia militar americana en Colombia? ¿Cuál es el riesgo para América del Sur?

Waldir Pires -Vemos organizar un esquema de alianzas, en América del Sur, en el sentido de que la paz y la seguridad sean resultantes de un esfuerzo común de todas las naciones latinoamericanas.

Eso, de alguna forma, representa una aspiración a un paso nuevo. Y viene después de toda una tradición que viene de la doctrina de Monroe y que se exteriorizó a lo largo del siglo XX en diversos actos de prepotencia en la relación Estados Unidos y cualquier país de América del Sur. Queremos la paz siempre en cualquier relación con los Estados Unidos. Pero queremos que la historia de América del Sur, hoy, empiece a ser escrita, en ese comienzo del nuevo siglo, bajo la inspiración diferente de prácticas viciadas de sumisión y de servilismo. Por eso, queremos que todos sean participantes libres y sin miedo en la construcción de la paz, indispensable a la construcción de la humanidad. No necesitamos bases militares de una potencia para pretender establecer esa seguridad. Eso no es posible.

¿Cómo ve usted la posibilidad de una negociación sólo bilateral, como ha señalado el Departamento de Estado de los EE.UU.?

Esa es la incompatibilidad de la organización bilateral en el cuadro de un continente que quiere establecer una organización multilateral de todos sus países, en la defensa común del hemisferio sur, de los intereses de América del Sur. Esa cosa es muy significativa para todo lo que dice sobre la defensa del Atlántico Sur. No se trata de querer viabilizar una fuerza de los Estados Unidos para defender el Atlántico Sur. No. Los países de América del Sur deberán ser capaces de eso y deberán tener esa tarea. Caso contrario, no se disminuirá nunca soberanía condicionada, dependiente. No es eso lo que deseamos. Incluso porque no es la experiencia de los pueblos que se hicieron súper potentes que los hará ser capaces de organizar la paz. No lo ha sido. En Brasil, tenemos una tradición de luchar por esos aspectos de la afirmación de la soberanía nacional. Por lo tanto, es inaceptable que se repitan acuerdos bilaterales, que fracasaron al largo del tiempo, para la organización de bases militares.

¿Cómo evalúa usted la evolución del Plan Colombia? Los críticos de ese plan afirman que se usa la guerra contra las drogas para ampliar una presencia militar incómoda.

Es verdad. Es algo que empieza a despertar reacciones y a proporcionar razones específicas para que existan. No debe ser este el camino. Participé de reuniones del Consejo de ministros de Defensa con el objetivo de que podamos y sepamos organizar los intereses de la defensa de los países de América del Sur. Es inaceptable pensar en eso. Y también es una liviandad, porque, livianamente, se vende la idea de que somos incapaces de organizarnos, de ayudar el mundo a erguir un orden internacional de paz. Me da la impresión de que, en el gobierno de Obama, estas expectativas puedan y deban ser alteradas.

Hasta ese momento, ¿cómo califica usted la política externa de Barack Obama para América Latina?

La presencia de Obama en la conducción política de los Estados Unidos representa un tal avance en la capacidad de su pueblo de elegir el presidente de la República, el jefe de la Nación, que la expectativa es que eso resulte en transformaciones, en nuevos métodos, en nuevas capacidades comunes. La búsqueda de que las Naciones Unidas puedan crecer para que sean el instrumento que se imaginó, de mantenimiento de la paz, no debe ser interrumpida, por mayores que hayan sido las derrotas sucesivas de las Naciones Unidas.

¿Está correcta la posición del gobierno brasileño en esa cuestión?

Creo que la posición del gobierno brasileño está en el objetivo de que Brasil, con todos los países de América del Sur, tenga su voluntad hermanada con la voluntad de todos los sudamericanos. Y no de transferir esa soberanía.

Estamos lejos de vivir el clima de la Guerra Fría, de la soberanía tutelada. Eso no debe formar parte del mundo contemporáneo.

¿Puede la instalación de nuevas bases militares desgastar las relaciones diplomáticas entre Colombia y los países de América del Sur en los foros regionales, que se han fortalecido en los últimos años?

Creo que esas organizaciones bilaterales, en el momento en que estamos todos empeñados en una multilateralidad de valores, de convivencia pacífica, son inconvenientes y nocivas. No es ese el método. No resolvió eso de acuerdo con los pueblos del mundo. En Brasil, hablamos sobre eso con la autoridad moral de un país que hace más de un siglo y medio no tiene guerra. De un continente que se ha preservado de las guerras. Se intenta instalar de nuevo una metodología nociva, que no tiene respaldo ni eficacia.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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