
|
AFP
Imagen de la entrada del Che Guevara Rifondazione Comunista (PRC) (partido comunista italiano) en el centro de Roma. Tras las elecciones generales, ganadas por una coalición de centro-derecha, por primera desde 1945 no hay comunistas en el Parlamento italiano.
|
Vera Gonçalves de Araújo
Roma (Italia)
La situación es de una trivialidad indiscutible: una pareja se divorcia y pelea por la tenencia de los hijos. Todo adornado por otro lugar común que todos los que ya lidiaron con hijos adolescentes conocen muy bien: ¿tolerancia o línea dura con el joven? El papá de Marco (el nombre es ficticio, pues el adolescente es menor de edad) considera a la madre demasiado débil frente a los excesos del hijo. Pide al tribunal la custodia de los dos hijos menores (de 16 y 11 años) mientras la hija mayor, de 18 años, optó por la convivencia con la madre.
La noticia parece menos banal cuando se descubre que el tribunal decidió entregar la tenencia de los hijos al padre, cosa rara en Italia. Entre los motivos está el hecho de que Marco se afilió al partido comunista, y desde los 14 años es militante en el Partido de la Refundación Comunista.
El juez que dictó la sentencia en Catania, segunda ciudad en importancia de Sicilia, afirma que el comunismo del joven no ejerció influencia en su decisión. Que se basó en un informe de los asistentes sociales que pintaron un cuadro bastante negativo de las relaciones entre la madre y su hijo adolescente. Y que describe a Marco como un joven con reiteradas inasistencias a la escuela, que desaprobó latín, griego y filosofía y tuvo que rendir dos veces estas asignaturas, que sale todas las noches con sus amigos, que frecuenta "lugares donde se sirven bebidas alcohólicas y entorpecedoras" (es decir, bares), y que "pasó la noche varias veces fuera de su casa con autorización materna". En resumen, Marco es el retrato hablado del 90 por ciento de los adolescentes italianos. Con un detalle más: es comunista.
Hasta los ministros del gobierno de Silvio Berlusconi (campeón del anticomunismo) creen que el juez exageró un poquito. Más aún cuando el informe de los asistentes sociales parece escrito en la Italia de los años 50, cuando a las mujeres que no eran "del hogar" se las consideraba madres negligentes. La mamá de Marco es médica, perdió la tenencia de los hijos e incluso tendrá que pagar 200 euros por mes a su ex marido, que gana menos que ella y es empleado público. El padre sacó una fotocopia de la credencial del partido comunista que encontró en el bolsillo de su hijo como prueba de su juventud descarriada.
Los colegas que entrevistaron a Marco dicen que es un joven apuesto, simpático, extrovertido e inteligente, que parece tener más de 16 años. El adolescente, que declaró que no pretende ir a vivir con su papá, con el que pelea todos los días por diversas razones, corre el riesgo de ser internado en una comunidad de rehabilitación, a pesar de que presentó un certificado médico que prueba que no es drogadicto. Los abogados del padre afirman que el certificado es falso, y por ende el juez puede decidir internar a Marco en una comunidad para que se desintoxique. Aunque no está claro si el tóxico es la marihuana o el comunismo.
Terra Magazine