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| Rosario Espinoza consiguió oro |
| Getty Images |
Los Juegos Olímpicos llegaron a su fin y la cosecha de la delegación mexicana fueron dos medallas de oro (en taekwondo para María del Rosario Espinoza y Guillermo Pérez) y una de bronce (en clavados sincronizados para Paola Espinosa y Tatiana Ortiz).
Para Carlos Hermosillo, presidente de la Conade, es la mejor actuación de México desde los Juegos de 1968, donde se ganaron 3 metales dorados como anfitriones. Y si México consiguió dos oros en Los Angeles 84 (en marcha con Ernesto Canto y Raúl González), para Hermosillo es aún mejor lo logrado en Beijing, pues en 84 no acudieron los países del bloque socialista.
Y aunque es de festejar las medallas de Rosario, Guillermo, Paola y Tatiana, la realidad es que en un país de más de cien millones de habitantes el conseguir sólo tres preseas es de cuestionarse, si tomamos en cuenta que fueron 85 atletas y que países como Kenia o Tailandia, con una población menor y una economía más difícil que la propia, consiguieron más preseas.
Muchas ilusiones se sembraron en varios de los deportistas mexicanos que acudieron y gran parte de ellos defraudaron, como el caso de la judoka Vanessa Zambotti (campeona panamericana), el remero Everardo Cristóbal Quirino (ex campeón mundial de la especialidad); el clavadista Rommel Pacheco o el marchista Eder Sánchez, sólo por mencionar a algunos.
Los títulos ostentados les daban como serios candidatos, y a eso se le sumó el hecho de que se les 'infló' demasiado, (como comúnmente se dice cuando los medios de comunicación los levantan en un pedestal que más que ayudarles les ponen una presión insostenible).
Y luego vinieron los discursos de atletas que no lograron conseguir el tan ansiado sueño olímpico ("sufrí un tipo de gastritis", dijo Eder Sánchez; "el clima no nos favoreció" dijo la maratonista Karina Pérez; "esos tipos son de otro planeta" comentó Mario Iván Flores, de marcha, sólo por mencionar algunas) y que más que explicación sonaron a pretextos.
Sin duda que la falta de apoyo en muchos de los deportistas es uno de los factores claves para que el deporte mexicano no crezca en proporciones iguales a la de la población, pero también cabe hacerse varias preguntas: ¿es para lo único que nos alcanza? ¿a qué se debe que no haya más triunfos? ¿a la suerte? ¿o a la idiosincrasia?
Tres medallas que son sólo de los atletas y de nadie más (por más que quieran colgarse de sus triunfos), pero que suenan insuficientes para un país de dichas proporciones
Entonces ¿tenemos lo que nos merecemos?
Editorial Terra México
Terra