
El escándalo, habitualmente por casos de dopaje de grandes campeones, y la tragedia, en forma de ataques terroristas, forma parte de la historia de los Juegos Olímpicos, constituyendo la otra cara del espíritu de la competición y dañando en ocasiones su imagen.
La trayectoria de los Juegos de la Era Moderna se ha visto salpicada, por ejemplo, por el impactante positivo por esteroides anabolizantes del canadiense Ben Johnson en Seúl-1988, después de haberse colgado el oro en los 100 metros, o por el ataque de terroristas palestinos al equipo olímpico israelí de Múnich-1972, que se saldó con dieciocho muertos.
En lo estrictamente deportivo, el caso de Johnson fue uno de los más dolorosos asuntos desde el punto de vista de la imagen, sembrando de dudas la honestidad de algunos resultados.
El asunto se agravó cuando varios científicos y responsables médicos revelaron que en los Juegos de Los Angeles-1984, los primeros con el español Juan Antonio Samaranch como presidente, hubo resultados positivos y que las muestras habían desaparecido.
A la lista de ídolos caídos por el dopaje se sumaron otras figuras de primer nivel, como la estadounidense Marion Jones, heroína de Sydney-2000, donde conquistó cinco metales -tres de oro y dos de bronce-.
Tras años de rumores, terminó reconociendo en 2007 que había recurrido a prácticas dopantes desde el año 2000 y fue desposeída de las medallas, pasando de gran figura del deporte a tramposa y campeona ilegítima.
Fuera de la pugna meramente deportiva, uno de los momentos más duros para el movimiento olímpico llegó en Múnich-1972, cuando terroristas palestinos del grupo Septiembre Negro irrumpieron en la Villa Olímpica de la ciudad alemana y asesinaron a dos atletas y tomaron como rehenes a otros nueve.
Las fuerzas de seguridad rodearon el lugar y el ministro del Interior, Hans Dietrich Genscher, leyó una declaración en la que condenaba la acción.
"El ''status quo'' de los Juegos ha sido interrumpido por los asesinatos cometidos por criminales terroristas", dijo, cancelándose la competición durante un día, aunque otras voces llegaron a pedir la suspensión completa.
Los terroristas pedían la liberación de presos palestinos en cárceles israelíes y alemanas, algo que fue rechazado por el Gobierno de la República Federal Alemana (RFA).
Finalmente, la seguridad hizo creer a los secuestradores que iban a facilitarles un avión para volar a El Cairo, pero en la base aérea emprendieron un ataque que se saldó con la muerte de cinco de los ocho terroristas, del piloto del helicóptero y del resto de atletas.
Un día después, las autoridades olímpicas aseguraron que los Juegos tenían que continuar porque así lo habrían querido los fallecidos, provocando una gran polémica internacional.
La estrella canadiense del salto de altura Debbie Brill criticó duramente la decisión. "Por Dios, estamos hablando de gente que ha muerto. ¿Que no les decepcionemos (a las víctimas)? ¡Están muertos!", dijo.
Años después, en Atlanta-1996, un artefacto explotó en pleno centro de la ciudad, en el Parque del Centenario, y murieron dos personas, quedando más de cien con heridas y lesiones de distinta consideración.
La política y los conflictos del momento, en plena ''Guerra Fría'', también afectaron de forma directa al gran evento deportivo, con la sucesión de llamamientos al boicot, con el africano a Montreal-1976 y el estadounidense a Moscú-1980 como puntos de referencia.
El primero se dirigía contra la política sudafricana del ''apartheid'', mientras que el segundo, al que se adhirieron países aliados estadounidenses, protestaba contra la intervención soviética en Afganistán.
En total fueron 65 los países ausentes en Moscú, incluyendo China, enemistada en aquel momento con la Unión Soviética. La actualidad internacional y las disputas políticas cruzaban una vez más la línea y convertían los Juegos en un escenario de disputa no deportiva.
Cuatro años después se devolvió el golpe y Los Angeles-1984 fue boicoteado por la URSS y por sus países satélites, entre los que había países punteros en el momento, como Bulgaria o la extinta República Democrática Alemana (RDA).
Seúl-1998 también fue víctima de un boicot reducido, entre ellos el de la delegación cubana, en solidaridad con Corea del Norte.
Los meses previos al inicio de Pekín-2008 han estado marcados también por una campaña a favor de un boicot, promovida por distintos sectores, que protestaron por la violación de los Derechos Humanos en China y por la situación del Tíbet.
Durante el recorrido de la llama olímpica por el mundo fueron habituales las manifestaciones en contra de la cita en la capital china, llegando a tener que apagarse en París por la tensión del momento y la intensidad de las protestas.
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AFP
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