Casi mediodía de este sábado. El olor del mar se pega en la piel. Huele también a cerveza, a gente, mucha gente, y a la salsa picante que en Veracruz, como en muchas partes de México, se pone prácticamente a cualquier cosa. La expectación es casi ansiedad porque la gente ha esperado por horas el paso de las comparsas y los carros alegóricos.
Sin embargo, la fiesta ha comenzado desde hace tiempo. En las gradas, varias empresas cerveceras han puesto tarimas donde bellas chicas bailan provocativamente y prenden a una gran cantidad de chicos que las miran ávidos desde abajo.
Pronto se escuchan las patrullas de la policía local que abren paso al contingente festivo, comandado por la reina y su séquito. El calor es abrasador y del mar ni quién se acuerde a pesar de que lame ruidosamente las piedras lisas que resguardan al malecón.
Y entonces la fiesta sube de tono. Con los rostros perlados de sudor, pero sonrientes y animosos, los integrantes de las comparsas conviven con los asistentes al carnaval: bailan con ellos, incitan e aplauso, prenden el alma con su entusiasmo.
Son muchos los asistentes que reconocen a parientes entre los bailarines y se emocionan, gritan, quieren la foto con la estrella que luce trajes de colores intensos y se siente héroe. No es para menos: las comparsas recorren bailando 7 kilómetros bajo el rayo del sol, entre plumas, lentejuelas, telas pesadas, zapatos de tacón... Y al menos quien esto escribe no vio un caso de abandono de filas de algún participante.
Hay integrantes de edad avanzada y llegan al final del recorrido con una sonrisa de satisfacción que se ilumina además porque son los más aplaudidos por el río de gente. Hay también comparsas dedicadas enteramente a la ironía y a la broma, como esos jóvenes disfrazados de cándidas blanca nieves, o ese hombre que se ha puesto unos implantes de senos de plástico barato e invita a tocarlos.
También hay niños vestidos de hadas, mujeres con inmensos tocados de plumas y lentejuela, hay mujeres verdaderamente hermosas no sólo en los carros alegóricos, sino entre los asistentes. Mujeres que reflejan el mestizaje mútiple de Veracruz: cuerpos voluptuosos de mulatas, ojos grandes, claros, piel morena...
Las horas en el carnaval se miden en cervezas. El tiempo se cuela en la garganta con ese sabor. También puede medirse en sudor: las camisetas empapadas, la piel húmeda. Pero eso no importa: hay que seguir bailando porque viene la otra comparsa. Y el próximo desfile, y el próximo carnaval.
» Supera expectativas Carnaval de Veracruz
05/02» Coronan a reina del Carnaval Internacional de Mazatlán 2008
» Ejercen estricta vigilancia sanitaria en Veracruz, por el carnaval
» Inauguran carnaval en Chimalhuacán